Laure. Autor: Alejandro Ibáñez Abad. El fotógrafo retrata a su mujer hacia 1905: ambos rondarían los 50 años. Membrete: Ibáñez. Hellín. (Colección Pilar Gil Ibáñez).
Los nueve hijos de Laureana, Laure o Laura Martínez Sánchez constituían hasta hace poco una relación plagada de huecos. En la anterior entrada sobre Estrella adelantamos los nombres de las dos niñas que permanecían sumergidas en la negra espalda. Laure tuvo nueve hijos, cinco de ellos murieron durante la infancia, y aún desconocíamos los nombres de esas dos niñas que se llevó el sarampión en la misma semana. La información de Pilar nos puso sobre la pista de Valdepeñas y esto resultó crucial para completar la nómina de los Ibáñez Martínez.
Los nueve de Laure y Alejandro:
1 Chus (Hellín, 1877 – Hellín, 1957)
2 Francisco (Hellín, 1879 – ?)
3 Gabriel, el Fotico (Hellín, 1881 – Hellín, 1932)
Estrella Ibáñez y el Maestro Prat. Autor: Alejandro Ibáñez Abad. Hellín, hacia 1902. Tarjeta postal. La joven Estrella, de 16-17 años, atiende al compás que marca su profesor. Éste apoya el codo derecho sobre el piano, ancla que evita tomas borrosas. Los foros y los jarrones de mentira ya han aparecido antes. Sabemos en qué lugar de Hellín se conservó este mismo piano, lo que no sabemos es si lo construyó o afinó el abuelo de Estrella, Juan Antonio, mítico lutier e iniciador de esta saga de fotógrafos. ¿Qué nota sigue vibrando en esta foto? Los detectives salvajes sospechan la importancia del documento para la historia de la cultura y de la música en Hellín, porque descubre al polifacético Alberto Prat impartiendo docencia en la intimidad del estudio. Hay algunas partituras escritas de su puño y letra en el Archivo Municipal: pertenecen a una zarzuela infantil y han sido donadas por los hermanos Tomás Espinosa a todos los hellineros. Parece que la música se impone a la fotografía, pero si se fijan bien en la zona superior y en el ángulo izquierdo, comprobarán que las fotos brotan a raudales tras el biombo. (Colección Pilar Gil Ibáñez).
En la penumbra de las escaleras que suben a las cámaras una niña gimotea. Con un trapo sucio frota sus botas empercudidas de barro y ceniza. Saltar los fuegos le ha salido caro, se ha llevado la primera paliza de su vida. Laure se ha puesto histérica cuando ha visto los zapatos de comunión destrozados. Pero a Estrella no le duelen los pescozones, sino el disgusto de su madre.
Estrella Ibáñez Martínez había nacido en Valdepeñas (Ciudad Real) en 1886. Su padre se decidió a trasladar el estudio fotográfico porque había presagiado la invasión de cólera morbo del 85, aun así se le murieron dos niñas de sarampión, Piedad y Presen. Estrella fue la sexta de los nueve hijos que tuvieron Alejandro y Laure. De su estancia en Valdepeñas se sabe poco, que vivieron en la calle Valbuena y que anduvieron por allí seis o siete años.
Al regresar a Hellín en 1890, y según el Padrón de este año, se instalan en la calle Osarios, 5. Estrella tiene 4 años, su hermano Gabriel 9, y Chus, a quien no tardará en pretender el Campaña, 13. Gabriel, el Fotico, aprende guitarra y violín; sus hermanas, piano, y Estrella, además, canta. Alberto Prat le decía que su voz salía del alma y que por eso gustaban tanto sus zarzuelas y romanzas.
A Estrella siempre se la consideró el mejor partido de la casa. Era guapa y pizpireta, tan bromista como su padre. Era lista. Sabía bordar y aprendió a cantar como una profesional. Tenía gracia para el disfraz y para aguantar las chapuzas de los hombres. Ella no se achantaba. Pero una contradicción funesta la dominaba, eran tan inteligente como buena persona, y en este equilibrio imposible acabó pesando más el corazón.
Se casó con Augusto Gil Torres el 6 de diciembre de 1909. Ambos tenían 23 años. (En junio de ese mismo año se había casado su hermano Gabriel con Magdalena). A los pocos meses murió Laure, y la familia Ibáñez Martínez perdió su referente. Alejandro se refugió en la oscuridad de su gabinete, rodeado de sus rostros de albúmina, para obviar su repentina soledad.
Augusto se había enamorado de Estrella durante una función teatral en la que ella interpretaba a dúo con un muchacho alpargatero un fragmento de El cabo primero, titulado “Yo quiero a un hombre con todo el alma”, y algunos momentos del Puñao de rosas de Chapí .
PEPE
No te asustes tú, arma mía,
luserito de mi vía,
no te asustes, que soy yo.
ROSARIO
¡Yo asustarme? ¡Tontería!
Tú me causas alegría,
pero sobresalto no.
Augusto Gil, hijo del potentado masón Eloy Gil, no tenía un nidito de amor en Triana, pero sí una tartana y hasta una moto. Su currículum venéreo y la opereta trágico-cómica en que convirtió la vida de Estrella se describirán en esa historia que ya les he dicho alguna vez que me gustaría contar.
–¿Tú sabes lo que significaba tener una moto en aquella época? –me dice Pilar mientras sonríe con picardía.
Una moto como ésta levantaba el polvo de los caminos entre Hellín, Agramón y Cancarix.
No me atrevo a escribir que la vida es injusta, pero sí que la vida suele golpear con dureza a quienes se entregan a ella sin reservas. Por ejemplo podemos pensar en el habitual desprecio, o en la infidelidad hundida entre los pliegues de la cama, como recompensa a toda la generosidad y el cariño que Estrella regalaba, como premio a esa sonrisa que iluminaba la mezquindad del más pajizo. Podríamos poner muchos más ejemplos en una lista interminable de humillación, pero ella mantuvo su luz y siempre que podía tarareaba eso de ¡Yo asustarme? ¡Tontería!
Autor: Alejandro Ibáñez Abad. Hellín, hacia 1908. Escena de zarzuela a cargo de las hermanas Estrella y Laura Ibáñez Martínez. Estrella, disfrazada de chulo, mira directamente a cámara. Laura le advierte de algo: Tarugo, ¿por un puñao de rosas? (Archivo Miguel Tomás).
Dedicado a Pilar Gil Ibáñez, cuya memoria une edades.
Retrato triste de familia. Autor: Alejandro Ibáñez Abad. Hellín, hacia 1905. Membrete: A. Ibáñez. Hellín. Paspartú verde. Sentados, los padres y la hija mayor; de pie, los otros tres hijos. De izquierda a derecha: Laureana Martínez (la madre), Estrella Ibáñez, Alejandro Ibáñez Abad (el padre), Laura Ibáñez, Chus Ibáñez y Gabriel Ibáñez. El velador sobre el que María Jesús (Chus) apoya los brazos es el de tantísimas otras fotos. (Archivo Miguel Tomás).
¿Cómo consiguió Alejandro captar este regomeyo? Veamos, el autor se ubica en el centro de la composición y lee con rictus tenso la primera página de ABC. Su hijo Gabriel lee la misma noticia a distancia, asustado, inclinándose hacia delante y sujetándose con fuerza al respaldo de la silla, como diciendo si no lo leo, no lo creo. Laureana, a quien le gustaba hacerse llamar Laura, como no, es la única que mira directamente a cámara, y aunque está sentada, parece tan enfadada que en cualquier momento podría levantarse para atizarnos unos mandobles con el abanico. (Su actitud desafiante en un gesto muy suyo nos recuerda la entrada sobre las Martínez). Estrella es la única que se sitúa entre sus padres, los demás aparecen a la derecha de la imagen. Estrella es muy guapa, quizás por eso su padre le ha dado ese protagonismo. Al igual que su hermana Laura, mira a su derecha, fuera de campo. Ambas parecen preocupadas, serias, tal vez inquietas por algo que viene. ¿Qué observan, la puerta por la que has de entrar? Chus es para mí la mejor actriz. ¿Qué noticias traerá esa postal? ¿Qué será esa especie de cajita que ha quedado depositada junto a la mano izquierda? Chus ha tenido cuatro hijos. No le cuesta mirar al vacío, como le ha pedido su padre, mientras le vienen a la mente unos versos que aprendió a recitar hace años: sentado en un cable, fumando su pipa, está un marinero pensando en las playas de un vago, lejano, brumoso país.
En 1905 Alejandro y Laureana tendrían 50 años, Chus 28, Gabriel 24, Laura 14 o 15, y Estrella sobre los 20. Laureana (o Laura) parió a nueve hijos, pero cinco de ellos no sobrevivieron a la infancia. Los detectives han encontrado a Francisco (1879-?), Mª. Dolores (1889-?) y Alejandro (1894-1896), faltarían otros dos cuyos rostros se esconden en ese vago, lejano, brumoso país al que mira Chus. La obra podría presentar cierto valor desde el punto de vista de la Historia de la Fotografía en España, pues en ella se retratan juntos dos fotógrafos profesionales, Alejandro y Gabriel “el Fotico”, conocido en los círculos artísticos por Echaide. Pensábamos que con él se agotaban los fotógrafos en esta línea de los Ibáñez, pero recientemente hemos recibido una preciosa información. Gabriel Ibáñez Fondevilla, nieto de Gabriel “el Fotico”, nos ha comunicado que María Ibáñez Jávega, hija mayor de Echaide, o del Fotico, o de Gabriel, también colaboraba en el estudio mediante el retoque de negativos y la iluminación de positivos.
Cuando se reunía toda la familia, corrían el riesgo de acabar mirando al vacío de una sinfonía gris. En realidad no creo que fingieran tristeza, nerviosismo o mala leche, quizás sólo estaban hartos de posar.
Autorretrato militar. Autor: Gabriel Ibáñez Martínez. Tarjeta postal. Hellín, hacia 1920. (Colección Gabriel Ibáñez Fondevilla). Tal vez algún lector pueda reconocer el tipo de uniforme. El plano contrapicado y la pose rapera hacen que Gabriel sea más Echaide que Fotico. No obstante se huele cierto tufillo burlón, tal vez el único olor soportable de la guerra.
A sus órdenes, mi teniente, ha sucedido de la manera siguiente. Yo ya sabía que a los gatos no les gustan los canarios y que se divierten haciéndoles daño. Entonces he intentado que el felino y el pájaro se hicieran amigos y, en el caso de que el gato quisiera hacer alguna sandez, darle una paliza para que no olvidara nunca en la vida el respeto que debe tenerle al canario. Yo soy un gran amante del mundo animal, ¿sabe?
Jaroslav Hasek, Las aventuras del buen soldado Svejk.
Autorretratos de Alejandro Ibáñez Abad (1890) y su hijo Gabriel (1910) tocando la guitarra. Hellín.
A las afueras de Cuernavaca un viento caliente agita flores y ramas. Las niñas salen corriendo de la piscina y abrazan y empapan a su madre, que acaba de llegar del trabajo. Sara deposita sobre la mesa una bolsa de papel, sus hijas abren los ojos como platos cuando ven lo que sale del paquete: una sandía azul.
No sé si algún día existirá en Hellín un restaurante llamado así, la sandía azul, pero de momento este fruto representa un exótico eslabón entre dos poblaciones tan distantes como Hellín (Albacete) y Cuernavaca (Morelos). La historia de cómo enlazaron manchegos y mexicanos no deja de ser extraña.
Los tambores aún atronaban cuando Lola Morales recibió a los detectives salvajes la noche del miércoles santo. Ya se contó en otra ocasión cómo al mencionar a la buscadísima Catalina, ella facilitó para sorpresa de los investigadores algunas pistas fundamentales. Pero qué tenían hasta entonces..., Juan Antonio Ibáñez y Francisca habían tenido cinco hijos: Juan, Josefa, Catalina, Alejandro y Anastasio, todos ellos fotógrafos y tan aficionados a la guitarra que en cuanto podían se retrataban con ella. Sabían además sus fechas de nacimiento y de fallecimiento, sus apellidos, Ibáñez y Abad, habían recopilado obra fotográfica no sólo de todos ellos, sino también de sus hijos, sus nietos y biznietos, no obstante sólo conocían el aspecto de Juan y de Alejandro. Por eso estaban empeñados en descubrir cómo eran Josefa, Catalina y Anastasio. De la segunda sabían que la epidemia de cólera de 1885 se la había tragado junto a toda su familia: unos cuantos hijos y su marido, un maestro llamado Juan Moreno. Ahora Lola Morales estaba allí delante diciendo que Catalina murió, sí, y que una vez vio una foto en la que ella tocaba la guitarra, pero que sólo dos niños, pobrecitos, sobrevivieron y fueron criados por su abuelo José que era hermano del maestro Juan Moreno con el que estaba casado la Catalina.
Lo detectives consultan sus fichas y ahí brillan los nombres de los supervivientes:
Juan Antonio Moreno Ibáñez. Nacido en Hellín en 1875. Contrae matrimonio con una chica de Chinchilla (Ángeles Furio) el 21/09/1900. Sastre. c/ San Antonio.
José Moreno Ibáñez. Nacido en Hellín en 1882. (Cuenta con tres años de edad cuando queda huérfano).
Pues fíjate, un hijo de José, les dice Lola, que se llamaba David Moreno, se hizo un guitarrista muy famoso que llegó a tocar con Cochita Piquer y se marchó a América y allí murió, y de pequeñín, después de la guerra ya daba conciertos en los teatros de Madrid. Los detectives apuntan cuatro palabras en su libreta: “David Moreno. Guitarrista. América.”
Al día siguiente las teclean en el buscador de Google. Salta una breve nota de la Wikipedia que parece confirmar la información de Lola Morales. Hay también carátulas de antiguos vinilos y hasta un divertido vídeo.
El rastro de David Moreno se va perdiendo entre compases y rasgados. Los detectives se desaniman. Vuelven a escuchar en Youtube algunas grabaciones y al repasar los comentarios se dan cuenta de que uno de los nicks corresponde a un familiar de David al que otro comentario denomina Ale tratándola en femenino. Los detectives teclean ahora “Alejandra Moreno. Guitarrista. América.” En una de las primeras entradas encuentran a Alejandra, hija del famoso guitarrista español David Moreno, trabajando en un hotel mexicano como concertista de guitarra clásica y flamenca. A continuación envían a la dirección de correo electrónico del hotel una solicitud rogando el contacto para localizar a la señora Alejandra Moreno. Pasan un par de días. El hotel contesta amablemente y los detectives escriben de inmediato a Alejandra describiendo sus pesquisas, pero con la duda razonable de que todo sea un malentendido o una simple coincidencia, de hecho la investigación parece una cadena de casualidades que parten de las conjeturas y recuerdos de Lola Morales mientras atronaban los tambores. A pesar del océano que los separa, Alejandra contesta y transmite a los detectives la siguiente información.
Certificado de nacimiento de David Moreno.
Registro civil de Gijón, Asturias.
Nace el 22 de noviembre de 1924. (Esto corrige la fecha de la Wikipedia).
Hijo de José Moreno Ibáñez, casado, jornalero, 42 años, natural de Hellín, Albacete. (¡El niño que quedó huérfano en Hellín a los tres años reaparece en Gijón!). Y de Lorenza Navarro González, natural de Hellín, Albacete. Nieto por línea paterna de Juan Moreno (el maestro!) y Catalina Ibáñez (aquí está!), naturales de Hellín, difuntos. Nieto por línea materna de Julián Navarro y de Laureana González, naturales de Hellín, Albacete. (Familia hellinera). Al expresado niño se le puso por nombre: David-Manuel.
Carátula de un disco de David Moreno Navarro.
Transcripción del mensaje de Alejandra Moreno:
“Mi padre llegó con Conchita Piquer la primera vez que vino a América, y después regresó con la compañía de Carmen Amaya y fue cuando decidió quedarse y radicarse en México. Murió el 12 de abril de 1980, mi madre es argentina y se llama Sara Haydee Tesera Aberastury. Tengo dos hermanos, David y Sara. Yo tengo 44 años, los 20 últimos dedicada profesionalmente a la guitarra clásica con recitales por todo el mundo. David, mi hermano mayor, también es concertista de guitarra clásica y lleva más de 30 años impartiendo clases de este instrumento. Todos vivimos en Cuernavaca, Morelos.”
Alejandra Moreno, hija de David Moreno Navarro, biznieta de Catalina Ibáñez.
David Moreno, hijo de David Moreno Navarro, biznieto de Catalina Ibáñez.
Los detectives salvajes anotan algunas conclusiones:
-Hay casi un siglo entre los primeros y los últimos guitarristas. El cólera, la muerte, el hambre, el tiempo, todos vencidos por la música.
-¿Por qué marcharían a Gijón?
-Alejandra se llama así como homenaje al hermano de su bisabuela, aquel fotógrafo que viajaba en globo. ¿Quién dijo “pésimo concertista”, si lo llevaba grabado a fuego? Conexión Alejandro Ibáñez Abad con Alejandra Moreno.
-Buscar la foto de Catalina.
-Conexión Hellín-Cuernavaca.
Mariana y Renata, las hijas de Sara, gritan de alegría. Su madre les dice:
–Vamos a celebrar que les han salido primos españoles comiéndonos esta jugosa sandía azul.
Una mujer dura. Autor: Pascual Ibáñez Navarro. Membrete: Pascual Ibáñez. Corredera, 62. Yecla. Hacia 1905. (Colección Vidal-Martínez).
Desde Hellín recibimos esta magnífica pieza gracias a dos sagaces coleccionistas, Francisco Vidal y Carmen Martínez. La imagen muestra a una mujer desconocida para nosotros. El marco de cartón, verde con motivos vegetales, es idéntico al publicado en la entrada anterior. Pascual Ibáñez, era sobrino de Alejandro Ibáñez Abad y no sería raro que yeclanos y hellineros se hubieran puesto de acuerdo a la hora de comprar o compartir materiales. Si el anterior grupo lo fechábamos en torno a 1905 por la supuesta edad de Laureana, este retrato podría admitir una datación similar debido a la identidad de formatos. Lo curioso es que en Yecla hayan aparecido imágenes de Hellín (como ocurrió en casa de María Martínez del Portal), y que ahora en Hellín emerja al cabo de un siglo esta yeclana. Lazos misteriosos entre estas dos poblaciones disuelven fronteras administrativas.
Pascual Ibáñez Navarro (1878-1925) es el quinto hijo de Juan Ibáñez Abad y Margarita Navarro, sí, la exuberante Margarita. Con respecto a sus hermanos fotógrafos estas son las diferencias de edad: siete años menor que Juan, cinco años menor que Luis, aquel que provocaba memorables accidentes de caza, dos años menor que Saleta, y ocho años mayor que Vicente. Pascual nació el último día de 1878, de ahí que su nombre completo fuese el pleonástico Jesús Pascual Silvestre. (Gracias a la partida de bautismo también sabemos que su madre tenía un hermano llamado Pascual y que fue su padrino). Tuvo dos hijos, Pascual Ibáñez Ibáñez que continuó con la tradición repostera de los “libritos” iniciada a principios del siglo XIX, y Juan Ibáñez Ibáñez, que fue secretario del Ayuntamiento de Yecla. Hija de Juan y nieta de Pascual Ibáñez Navarro es la incombustible Teresa Losada que, junto a sus hijos, dejó una profunda huella en estos detectives salvajes. En la época en que Pascual hizo este retrato, los Ibáñez regentaban al menos tres estudios en Yecla de forma simultánea: Juan, el padre, en Niño, 52; Luis en San Pascual, 23; y Pascual en Corredera, 62.
Creo que Pascual tenía un don como el de su primo Gabriel para captar gestos íntimos. Esta desconocida, anónima hasta ahora, cuyo rostro ha viajado de Yecla a Ilunum, y cuyo rastro se ha perdido, se revela como mujer valiente que mira duro y afronta. No expresa dulzura, pero tampoco duda. Vivió ayudando a los demás y no titubeó. No sabía quejarse. Yo propondría nombre para ella..., pero tal vez alguien la conozca, tal vez alguno de sus nietos haya visto esos ojos de hierro y campo. Ojalá cambiemos pronto el título de esta fotografía.
Las Martínez. Autor: Alejandro Ibáñez Abad. Hellín. Entre 1895 y 1905. (Archivo familiar Miguel Tomás).
Ambas imágenes presentan personajes en común. De la primera siempre me ha inquietado el gatito sobre el hombro de la niña. De la segunda, la cara de mala hostia de Laureana, o de Laura, como le gustaba a ella que la llamaran. Está claro que las dos niñas de la primera foto son las jóvenes que permanecen de pie en la segunda (ya sin gatito), pero desconozco su identidad. Tal vez la mujer que las sostiene sea su madre y quizás pasados unos años haya engordado lo suficiente para convertirse en esa mujer con vestido negro y quitasol. En su hombro se apoya el brazo que sostuvo al felino hace años. ¿Cuántos? ¿Diez aproximadamente? No sé, parece un periodo razonable para las más jóvenes, pero “su madre” habría cambiado demasiado. Los rasgos faciales son similares, no obstante. A la única que reconozco por ahora es a la señora cabreada que viste delantal y mantilla de andar por casa. Se llama Laureana (o Laura) Martínez Sánchez, es la esposa de Alejandro Ibáñez Abad, la madre de Gabriel (Echaide o el Fotico), y está cabreada con toda la razón del mundo. Primero porque ha recibido visita por sorpresa y no le ha dado tiempo ni a arreglarse, y segundo porque a su marido se le ha ocurrido la genial idea de que pose de esa misma guisa. Vaya mirada. Ya te pillaré luego.
Supongamos que Laura (o Laureana) tiene alrededor de 50 años. Sabemos que se casó con Alejandro en 1876 a la edad de 21, por tanto, debió de nacer en 1855. Su foto y su cabreo podrían situarse cerca de 1905. Así que la foto del gatito retrocedería hasta 1895 más o menos. También sabemos que Laura tenía al menos una hermana, Ernesta, que fue madrina en 1899 de su sobrina nieta, la pícara Rafaela. ¿Podría ser Ernesta Martínez la mujer desconocida de ambas fotos? ¿Cómo se llamarían sus dos hijas si es que lo eran? ¿Y el asustado gatito? Espero que en Hellín alguien se anime a colaborar con estos detectives salvajes que avisan de los peligros y quiebros del camino, pues si es cierto que han desvelado vidas y rostros sumergidos en el tiempo, no menos evidentes han sido sus tropiezos al empeñarse en pistas insustanciales.
Como muestra de paso en falso transcribimos el informe emitido por la detective Natalia Zarco. A esta hábil misántropa se le había encomendado recabar datos sobre un antiguo fotógrafo de Reus..., llamado Ibáñez, claro.
11:18 AM Me dirijo a las fuentes sabias de Reus, al fotógrafo Niepce, el cual me asegura que le sonaba Ibáñez no como fotógrafo oficial sino como corresponsal de prensa de algún diario. Pista errónea.
11:53 AM He ido a consultar a otro sabio abuelo ilustre de Reus. Sí le sonaba que un tal Ibáñez tenía un local de fotografía en la calle Jesús, justo donde estaba la Galatea hace unos años, a escasos metros de donde está ahora. Me dice que aún queda un familiar suyo que toma el solete a mediodía en una calleja detrás de la prioral de Sant Pere.
12:05 PM Me dirijo allí y encuentro al amable abuelete, sentado al sol efectivamente, en su sillica de ruedas. Más salao que un boquerón me cuenta que él es sobrino del fotógrafo Ibáñez, que efectivamente en su local hacía fotos pero que no tenía ampliadora así que proyectaba las fotos y hacía retratos grandes a carboncillo. Me cuenta que el local de fotografías Ibáñez los domingos vendía churros y porras (no sé dónde los freía), cosa que me deja en el estupor. Me cuenta que el señor Ibáñez tenía una querida y que la historia acabó como el rosario de la aurora. Me cuenta que la pierna se la cortaron por un callo, fíjate tú, y que ahora muy bien porque ya no le ha dolido más, ni artrosis ni nada. Y me cuenta finalmente que no, que de Murcia o Albacete nada, que su tío era un tarambana y que son de Soria. :(