Sobre una saga de fotógrafos: los Ibáñez.

lunes, 1 de febrero de 2010

Alejandro Ibáñez Abad


Alejandro Ibáñez Abad. Tarjeta postal: 8,7 x 13,8 cm. Autorretrato lúdico.
(Archivo familiar Miguel Tomás)

El formato circular del retrato se convierte en un globo aerostático que sobrevuela un pueblo desvaído. El piloto gasta la misma barba que el retratado y conversa con ese gato que maúlla desde el tejado. Mientras se eleva a los cielos, Alejandro Ibáñez mira a cámara aguantando la risa y acechando con inquietante gesto. Aunque ya se cuentan más canas que en imágenes anteriores, esta foto parece tan divertida e irónica que ha sido la elegida para inaugurar este otro viaje. La postal no indica fecha alguna, pero si suponemos que el autor aparenta unos 40 años, habría que situarla en Hellín, cerca de 1895.

Alejandro Ibáñez Abad nació en Jumilla en 1855-56 y murió en Hellín en 1928 a los 73 años de edad. A esta localidad llegó siendo un niño y vivió en ella toda su vida profesional, salvo un pequeño paréntesis de la década de los ochenta en el que huyó a Alcantarilla (Murcia) por razones que se relatarán en otro momento. Junto a sus hermanos Juan, Josefa, Catalina, y Anastasio, aprendió el oficio de su padre, Juan Antonio Ibáñez Martínez, pionero de la fotografía en la región e iniciador de la saga más inaudita y numerosa de fotógrafos profesionales del mundo. (¡Y no sólo por el río Mundo!, típico chiste de la zona...).

Durante más de cincuenta años retrató a gente de Hellín y de los pueblos del entorno. Muchas familias de estas localidades conservarán aquellos posados en cuyo membrete podía leerse A. Ybáñez. Retrataba también al óleo y al carboncillo, y como era habitual en aquella época, a veces iluminaba o coloreaba sus fotografías. Fue un artista polifacético, un hombre de enigmática alegría: el misterio que rodeó su figura ha llegado hasta nuestros días. El historiador Publio López asegura que fue fabricante de los célebres Libritos Ibáñez –dulces navideños, especialidad de la casa–, afinador de pianos, pésimo concertista de guitarra, muñidor de memorables sesiones de magia, prestidigitación y espiritismo, destacó como excelente retratista al carbón, solvente fotógrafo y mediano pintor (La huella de la mirada, p. 49).

Unos meses antes de morir ya se presentaba como fantasma, tal y como puede certificar el número 24 (17/12/1927) de ¡Adelante!, periódico que dirigía su nieto Alejandro Tomás Ibáñez:

UN FANTASMA EN HELLÍN

Noches atrás, ha hecho su aparición en la calle de D. Francisco Silvela, un tétrico fantasma, sembrando el terror y la desolación entre los pacíficos vecinos de aquel barrio.

Ante el peligro que les amenazaba, el maestro zapatero don Salvador Giménez y el Sr. Veneno con sus oficiales y contertulios, decidieron hacerle frente, y anoche lograron descubrirlo.

Se trataba de un infeliz que usa capa y bigote como a lo garçòn, que habiendo probado las ricas e inmejorables OBLEAS IBÁÑEZ y no disponiendo de dinero para adquirirlas, quería dar pánico a los vecinos y después asaltar la casa de sus fabricantes, y llevarse unas cuantas cajas, para con ellas pasar unas Pascuas de rechupete.

Cuando voy a Hellín, me encanta pasear por Francisco Silvela, la antigua calle Osarios, en cuyo número 9 residía y trabajaba Alejandro: “Gabinete de Fotografía y Pintura”, y me quedo mirando a esas casas que conservan una pequeña azotea bien iluminada y me digo por qué no... El caprichoso destino ha querido reunir a Alejandro, el abuelo loco, con Alejandro, el nieto escritor: hoy sus calles se tocan, Francisco Silvela y Alejandro Tomás Ibáñez son perpendiculares; acaso sea éste el último truco del mago espiritista.

La última vez que fui por allí a hacer de detective salvaje pude hablar con una de las biznietas de Alejandro Ibáñez Abad, me contó que ella nació el mismo día en que él murió, me contó también qué cosa hizo su bisabuelo justo antes de morir, y os puedo asegurar que no fue viajar en globo.

(Alejandro Ibáñez Abad es uno de los principales personajes de una historia que me gustaría contar).


En la próxima entrada:

JOSÉ MARÍA SILVESTRE PAREDES


10 comentarios:

  1. ¿Qué hizo ese hombre justo antes de morir?

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  2. Me gusta más la otra versión de la foto, ya sabes.

    Esperamos a Silvestre.

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  3. Todavía no lo puedo contar, Raúl. Quizá en esa historia que me gustaría contar..., se desvele el secreto. Luna, la otra versión es otro secreto, ya sabes. Gracias a ambos por poner rostros a este tiempo.

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  4. Prestidigitador, espiritista, hacedor de dulces navideños, retratista y fotógrafo.

    Todo lo que hemos querido ser a lo largo de las décadas de la infancia.

    Qué viaje tan fabuloso promete este blog[o] aerostático!!!

    Bicas olofiu...

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  5. Estíbaliz, es cierto: Alejandro Ibáñez se mantuvo en la infancia toda su vida. Tú también lo consigues, tú y tus voces-criaturas siderales...
    Iremos tirando lastre! A ver hasta dónde llegamos...

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  6. El tiempo es un globo que se me escapó...

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  7. Emocionante, genial. Creo que tengo alguna cosa de Rafaela Tomás que te puede gustar. Hablamos.

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  8. Belén, gracias por tus palabras. ¡La pícara Rafaela!, qué bien, espero tus noticias.

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  9. A LA VENTA EN TODOCOLECCION ESTA FOTOGRAFIA ORIGINAL DE ALEJANDRO IBAÑEZ
    JESUS NAZARENO

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  10. A LA VENTA EN TODOCOLECCION ESTA FOTOGRAFIA ORIGINAL DE ALEJANDRO IBAÑEZ
    JESUS NAZARENO

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