Sobre una saga de fotógrafos: los Ibáñez.

domingo, 7 de marzo de 2010

JUAN ANTONIO IBÁÑEZ MARTÍNEZ –el adn de la fotografía–


Autorretrato de Juan Antonio Ibáñez Martínez. Hacia 1860. Tendría unos 40-43 años. Posiblemente hecho en Hellín, al poco de trasladarse a esta población, pero no habría que descartar la opción de Jumilla. Apareció en La huella de la mirada, p. 235, aunque aquí se reproduce una copia del original. (Archivo Vicente Ibáñez). El autor aparece sentado sobre una tosca silla, elegantemente vestido, sujetando un habano en su mano derecha. Si bien el conjunto transmite cierta sensación de humildad y sencillez, destacan algunos rasgos: la profunda mirada a cámara que heredarán sus hijos, la tupida y cuidada barba que también dejará a su descendencia, y esas manos fuertes acostumbradas a trabajar la madera y la química.

Autorretrato de Juan Antonio Ibáñez Martínez. Hellín (Albacete), hacia 1874-75. Contaría con 55-56 años de edad. Esta imagen debe de ser muy cercana a la fecha de su muerte. La barba ya se ha blanqueado, la vestimenta se muestra más austera, en cambio la mirada es la misma que en la imagen anterior. Sus ojos rasgados, casi almendrados, parecen interrogarnos, ¿estáis ahí? (Archivo Vicente Ibáñez).

Juan Antonio es el iniciador de la mayor saga de fotógrafos profesionales que se conoce. Empieza a mediados del siglo XIX y aún hoy, en 2010, algunos de sus descendientes siguen dedicándose a esta actividad. El sortilegio que practicó en sus hijos para transmitir con tanta potencia su amor a la fotografía constituye un enigma que pertenece a una historia que me gustaría contar.

Sobre sus hijos, los Ibáñez Abad, se ha escrito de forma incompleta e inexacta. En algunos libros y artículos sólo se habla de dos hermanos: Juan y Alejandro, por ello el hermano pequeño, Anastasio, el fotógrafo sin rostro, fue reivindicado en la anterior entrada, ¡ojalá se cumpla la profecía de su nombre! También se ha dicho equivocadamente que nacieron en Hellín: sí nacieron, pero como fotógrafos, ya que venir al mundo lo hicieron en Jumilla. Su padre, nuestro Juan Antonio Ibáñez Martínez de mirada inquisitiva, ha emergido en los archivos parroquiales de Santiago de Jumilla, del Niño Jesús de Yecla y de la Asunción de Hellín. La historia de esta estirpe de fotógrafos pioneros se muestra algo diferente desde entonces.

Este sonido me gusta: el archivero Vicente Canicio pasa las hojas centenarias en la iglesia de Santiago.

Juan Antonio Ibáñez Martínez nace en Yecla el 20 de noviembre de 1819, el mismo año que Walt Whitman y veinte años antes de que Daguerre diera el paso decisivo en París. Tras un primer matrimonio con Isabel Algarra, Juan Antonio casa con una joven de Jumilla: Francisca Abad Crespo. Según la partida de matrimonio de 1845 ambos contaban con 24 años de edad. (Francisca había nacido el 20 de agosto de 1820).

De Juan Antonio Ibáñez y Francisca Abad nace en Jumilla la camada Ibáñez Abad por este orden: Juan (hacia 1847), Josefa (hacia 1848), Catalina (hacia 1852), Alejandro (hacia 1855-56), y Anastasio (25/12/1857). No disponemos del día exacto de nacimiento de los cuatro hermanos mayores: como suele ocurrir en este tipo de investigaciones, el libro que falta en el archivo parroquial de Jumilla es precisamente el que más nos interesaba, el de bautismos correspondientes a ese periodo. No obstante hemos podido calcular los años de nacimiento con poco margen de error, ya que disponemos de sus partidas de defunción. Parece una broma del destino el hecho de que Anastasio, el hermano más postergado por los historiadores, figurara en otro libro, salvándose así su registro exacto. Los tres varones, Juan, Alejandro y Anastasio, fueron fotógrafos como su padre, y posiblemente también las dos hermanas participaran de algún modo en la empresa familiar, bien realizando fotografías, bien colaborando en tareas indirectas, aunque fundamentales, como la iluminación o coloreado de los positivos. Pero ya saben que en aquella época, segunda mitad del siglo XIX, las mujeres aún se consideraban meros apéndices del hombre de la casa, sobre todo en determinadas actividades profesionales, por ello pueden encontrarse fórmulas como “Ibáñez y Cia.” o “Ibáñez e hijas” para reflejar la autoría de una mujer.

En el Archivo Municipal de Hellín se puede consultar la Matrícula de todos los contribuyentes sujetos al pago del subsidio industrial y de comercio correspondiente al año 1862, signatura A 117/3, (por cierto, en este año había 1917 vecinos en Hellín). En este documento aparece Juan Antonio Ibáñez dado de alta con el número 16, pero no como fotógrafo, sino como carpintero. Esto no debe extrañar: por un lado la labor de carpintero y ebanista le sería muy útil para fabricar sus cámaras de cajón de madera, y para arreglar y afinar pianos, su otra profesión; por otro lado, se trata de fechas tan tempranas para la fotografía que pocos se atreverían a calificarla como su actividad principal. En cambio, todos sus hijos ya la reivindican con orgullo, son fotógrafos. Gracias a la labor de recopilación y difusión de su director Francisco Javier López Precioso, el Museo Comarcal de la misma localidad conserva buenos fondos de fotografía antigua. Una selección de estas obras se publicó en el catálogo El ojo en el tiempo (1998), mediante el proyecto “Los legados de la Tierra”, y una de ellas es quizás la primera panorámica realizada de Hellín, adivinen su autor...

Así que la familia pionera de la fotografía en la región del altiplano se traslada desde Jumilla a Hellín entre 1858 y 1862, y nada más llegar se ponen manos a la obra con sus cachivaches: retratos fotográficos, al óleo y al carbón. ¿Por qué Publio López indica que Juan Antonio estableció su estudio en Hellín en 1863, dando a entender que empezó entonces con la fotografía? (La huella de la mirada, p. 49). Si tenemos en cuenta que el mismo historiador propone 1833-1899 como sus fechas de nacimiento y fallecimiento, cuando en realidad las partidas no dejan lugar a dudas: nace en Yecla en 1819 y muere en Hellín en 1875, deberíamos tener cierta esperanza en que lo de 1863 constituya otro palo a ciegas. De este modo podríamos especular con la posibilidad de que Juan Antonio no sólo empezara unos años antes de 1863 en Hellín, sino que ya en Jumilla, tal vez en la década de los 50, pudiera realizar sus primeras fotos. ¿Por qué no?

De momento estos detectives lanzan el siguiente reto:


Retrato de personaje desconocido de Hellín. Autor: Juan Antonio Ibáñez Martínez. Entre 1860-74. Carte-de-visite: 5,5 x 9 cm. Medio plano. Fondo perdido. (Archivo Miguel Santos).

¿Hay alguien en Hellín que pueda identificar a este tipo tan simpático y orondo?

Si en Jumilla se encontrara alguna prueba, fotografías o anuncios publicitarios en prensa antigua, de la actividad de Juan Antonio Ibáñez Martínez, este municipio se convertiría en uno de los primeros de España en albergar un estudio profesional en tiempos de auténticos exploradores. Sólo será necesario que hurguemos un poco en nuestro viejo álbum o en las cajas de zapatos o de puros o de galletas donde guardamos nuestros viejos amuletos para traer de nuevo esos rostros al tiempo. Y quizás los tres detectives salvajes regresemos algún día a saludar a Vicente Canicio, la pulcritud personificada, a pasear por esas calles que huelen a historia, a misterio, y nos encontraremos de nuevo entre las persianas echadas con aquel cartel psicodélico: Regreso al futuro. Dejemos por ahora a Juan Antonio recitándonos estos versos con su mirada: Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
 / porque lo que yo tengo lo tienes tú
 / y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.


En la próxima entrada:

Margarita Navarro

–la exuberante–


2 comentarios:

  1. El pasado es una colección de silencios, pero hay partículas calladas, albas y crepúsculos que quedaron ocultos;tallos que nunca más se expandirán en rosas,oscuras golondrinas que se aclararán en uno que otro vuelo.Lo perdido tuvo color pero ahora es incoloro. (Benedetti)

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